Excusas, Excusas, Excusas, benditas sean...



Muchas veces no me entiendo.

Hay días en que vivo la vida sin importarme lo que digan los demás, sin pensar en la opinión de otros, sin prestarle atención a nadie, solo yo y el universo.

Pero también hay días en los que amanezco frágil y con miedo de todo, que hasta una simple mirada podría causarme inquietud, y un corto comentario desatar mi furia.



Las guerras en mi mente, puede que duren semanas, pero siempre acaban haciéndome mas fuerte, aunque esa fortaleza también es mi debilidad, pensar demasiado puede llevarme de la mano de camino al miedo, pero también puede ser la mejor arma para defenderme de los obstáculos en la vida, obstáculos que en su gran parte son creados por nosotros y por otra parte no nacimos con suerte.


Excusas, Excusas, Excusas, benditas sean...

Varios de los obstáculos los he destrozado, gracias a que he abierto bien los ojos y he podido verlos con claridad, pero están esos días en los que se me nubla toda la vista, y no veo nada y me da miedo tropezar, me da miedo dar un paso, me quedo arrinconado, pensando, hasta que pasa la tormenta y se va la oscuridad. Pero el miedo no se va, el suelo sigue mojado y frío, los arboles siguen goteando gotas que parecen lagrimas de un llanto tras haber perdido la guerra. Ya no se, un día estoy muy fuerte y firme ante la realidad y otro día, sostengo encadenado a mis talones el peso de un pasado silencioso en el que mi voz no sonaba, y mi mirada sin rumbo, buscaba en lo mas común, lo mas interesante. Por ahí viene el sol acercándose, ya el suelo ha empezado a secarse, un poco de café me quitará el frío y calentara mi garganta para que mi voz despierte de nuevo.


De momento escribiré esto y lo dejare por ahí, a ver si un desconocido se lo encuentra y conoce esta parte de mi, una parte que los conocidos mas cercanos no conocen y yo te la regalo a ti.

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